Una de las consecuencias del cuestionamiento del índice de precios al consumidor es la incertidumbre sobre la evolución de la pobreza. En el primer semestre del año pasado, el INDEC informó que su incidencia era de 23.4% Un ejercicio de corrección de la línea de pobreza, sustituyendo la construida con los precios del IPC oficial por una con la canasta básica valuada con los precios relevados en forma independiente, mostró que la pobreza afectaba a 28.3% de la población, es decir casi 5 puntos (ó 1.7 millones de personas) más que la informada por el INDEC (véase la Newsletter de setiembre de 2007). La incertidumbre ha aumentado ahora. El INDEC no ha dado a conocer los datos de pobreza para el segundo semestre de 2007 y no se sabe cuando lo hará, pues no figura, como era habitual, en su calendario de difusión. Es del todo probable, sin embargo, que, de haberlo, el cálculo oficial muestre una nueva reducción de la pobreza. Pero para llegar a un resultado así, el supuesto crítico –igual que en el primer semestre- es que la canasta básica de alimentos se haya comportado como señala el INDEC. Para el organismo oficial, el aumento acumulado entre julio y diciembre de esta canasta (que define la línea de indigencia) fue de 2.9%, y el interanual respecto del segundo semestre, de 11.1% La valuación independiente de la misma canasta arroja una cifra muy distinta: el acumulado julio-diciembre es de 7.7% y un incremento interanual promedio de este semestre de 38.3% Esta diferencia se reproduce, e incluso se amplía algo, en la canasta básica total, que incorpora los gastos no alimentarios, y que determina la línea de pobreza. Para el segundo semestre de 2007, la valuación de la canasta básica total a partir de los precios relevados en forma independiente y un coeficiente de expansión (inversa del coeficiente de Engel) igual al promedio histórico, es 26.3% más alta que la publicada por el INDEC. La línea de pobreza resultante para la familia tipo habitualmente considerada, alcanzaba a fines de año a $1.185, en tanto que la reportada por el INDEC era de $955. Adoptar una u otra línea puede llevar a resultados disímiles en el cálculo de la incidencia de la pobreza. El ejercicio de estimación para el segundo semestre requiere, además, imputar el crecimiento del ingreso de los hogares. Esto tiene tres componentes: la corrección por variación demográfica, el aumento del empleo y la evolución de las remuneraciones. El crecimiento interanual del ingreso familiar per capita resultante es de casi 22% El resultado del ejercicio sugiere que en el segundo semestre de 2007 la incidencia de la pobreza en la población fue de 30.3%, es decir un incremento de 2 puntos sobre el primer semestre y de 3,4 puntos respecto del segundo semestre de 2006 Esto significa que unos 10,8 millones de personas están en una situación de privación, de los cuales 3,5 millones (10%) son indigentes. Lo más significativo, tal vez, es que el número de pobres habría aumentado en 1,3 millones en 2007, quebrando la tendencia de disminución que venía desde 2003. Lo destacable –y quizás sorprendente- de esta reversión de la tendencia de la pobreza, es que se produce en un contexto donde los ingresos no sólo crecen fuertemente, sino que, donde más crecen, es en los hogares de los estratos más bajos de la pirámide distributiva. En los percentiles donde, conforme el ejercicio, la pobreza más aumentó en 2007, el ingreso familiar per capita creció 26%, esto es 4 puntos más que el promedio y 5 puntos más que en los tramos más altos de la pirámide. La paradoja, por consiguiente, es que la pobreza aumenta, al tiempo que disminuye la desigualdad en la distribución del ingreso. En el segundo semestre de 2006 la disparidad entre el ingreso familiar medio del decil 10 y el decil 1 era de 28,3 veces; en el segundo semestre de 2007, disminuyó a 27,1 veces. Por supuesto, todavía es una desigualdad muy elevada, pero, a diferencia de lo que ocurre con la pobreza, la tendencia iniciada en 2003 no se ha quebrado sino que continúa. Esto que ocurre en la Argentina, parece ir a contramano de lo que sucede en el mundo. En muchos países –China es un caso paradigmático- cae la pobreza pero sube la desigualdad. ¿Cómo se explica esta paradoja? La respuesta hay que buscarla, posiblemente, en la inflación y, en particular, en el aumento de la canasta básica en el último año. La pobreza es una medida absoluta. Esto significa que, aún cuando en términos relativos el ingreso de los hogares de los tramos inferiores de la pirámide pueda crecer mucho y más que el de los hogares de los tramos superiores, en términos absolutos ese aumento puede ser insuficiente para afrontar el incremento del costo de la canasta básica. Esto es precisamente lo que ocurrió en 2007: los hogares de los sectores bajos mejoraron sus ingresos medios más de 25%, pero hasta el tercer decil, esa mejoría relativa fue claramente inferior al aumento en pesos de la canasta básica total. En los hogares de los deciles superiores, en cambio, si bien el crecimiento del ingreso medio fue menor en términos porcentuales, en pesos superó largamente el de la canasta básica total. Es el impacto de la inflación sobre la canasta básica lo que hace posible que, aún con una reducción de la desigualdad –suave, pero reducción al fin- pueda aumentar la pobreza. Las significativas mejoras alcanzadas en esta última hasta 2006, fueron posibles en un escenario de inflación baja o moderada; la reversión de la tendencia está asociada con su aceleración. El objetivo de bajar la pobreza, común al Gobierno y la sociedad, tiene cada vez más como condición la reducción de la inflación. Sólo así, el objetivo igualmente compartido de disminuir la desigualdad, adquirirá un sentido concreto de bienestar para todos. Fuente SEL Consultores (Ver documento completo)
lunes, 31 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Suscríbase

Suscríbase
ELCO Editores
Infórmese aquí para publicar
0 comentarios:
Publicar un comentario